Gastroenteritis ¿Qué debemos saber?

Es una enfermedad diarreica (heces líquidas), de comienzo generalmente brusco, que puede estar acompañada de otros síntomas como náuseas, vómitos, fiebre y dolor abdominal de tipo cólico.

 

¿Qué es?

Recibe este nombre porque afecta al estómago y al intestino. Es un proceso agudo y autolimitado, es decir, que cura espontáneamente en unos pocos días, por lo que se suele hablar de gastroenteritis aguda. La duración es variable, aunque especialmente en los más pequeños puede durar hasta una o dos semanas.

Dos tipos de gastroenteritis:

La gastroenteritis puede dividirse en infecciosa o no infecciosa. La primera representa el 80 % de los casos y puede estar causada por virus, bacterias y, excepcionalmente, por hongos o parásitos. La Gastroenteritis aguda no infecciosa puede ser causada por intoxicación, intolerancia alimentaria o por determinadas drogas como algunos antibióticos, laxantes, o bien por causas extra digestivas como infección urinaria, otitis media aguda o enfermedades sistémicas.

La gastroenteritis aguda (GEA) es una de las causas más frecuentes de patología en la edad pediátrica;  la mayoría de los niños  tiene al menos un episodio de diarrea aguda antes de cumplir un año.

 

¿Cómo se trata esta enfermedad?

El tratamiento se basa en tres puntos fundamentales:

  1. Mantener al niño hidratado, es decir, ofrecerle líquidos con frecuencia y que beba lo que él quiera, preferiblemente en pequeñas cantidades cada vez para prevenir los vómitos.
  2. Evitar en general el uso de medicinas, salvo los antitérmicos si fueran necesarios u otros fármacos si hubiera recomendación expresa del médico. Tomar antibióticos sin indicación puede prolongar el cuadro diarreico y el período de transmisión de la infección a otras personas, incluso en la mayor parte de las gastroenteritis producidas por bacterias. Los medicamentos que se emplean para los vómitos sólo sirven para mejorar el síntoma, pero no curan y pueden producir efectos secundarios.
  3. Ofrecer alimentos en seguida, sin forzar al niño y sin período de pausa. En los lactantes no es necesario hacer ninguna modificación en su dieta: los que mamen deben seguir haciéndolo; los que tomen biberón, no es preciso rebajar la concentración de la fórmula adaptada diluyéndola con más agua; los que ya hayan comenzado con las papillas y purés no hará falta cambiar nada, pues pueden tomar cualquier cereal, verduras, carnes, pescado, lácteos (no solo yogur, sino también leche) y frutas, pero evitando añadir azúcar a los alimentos. En los niños mayores, al igual que en los adultos, las limitaciones serán tan solo la del azúcar y no deberán consumir alimentos grasos o futas y verduras crudas.

Si bien la alimentación precoz acelera la curación de la gastroenteritis, al principio puede parecer lo contrario, al provocar la defecación del niño al momento de ingerir comida. Esto no debe preocupar, pues es únicamente la consecuencia de un reflejo intestinal que está más vivo en esta situación. En cualquier caso, al igual que en otras circunstancias, si el niño no desea comer, no deben forzarlo a hacerlo.

¿Es necesario realizar otros estudios?

Habitualmente, no. El pediatra la diagnosticará fácilmente con los síntomas mencionados, salvo en las siguientes situaciones:

  • Mal estado general o deshidratación.
  • Diarrea sanguinolenta importante. En general unas simples hebras de sangre no deben constituir motivo de preocupación ni de estudio.
  • Sospecha de intoxicación.
  • Diarrea prolongada (más de dos semanas).
  • Lactantes menores de 6 meses.

La razón por la que no es necesario un estudio (ni siquiera un cultivo de las heces), salvo en las excepciones comentadas, es que su curación es espontánea.

 

¿Cómo prevenirla?

La gastroenteritis, como enfermedad infecciosa que es, puede trasmitirse de persona a persona. La fuente más habitual de contagio es el con las heces o los pañales de un niño con la enfermedad, por lo que la forma de evitarlo será extremar las medidas de higiene habituales, sobre todo el lavado de manos, tanto del niño como de la persona que lo cuida. Esta limpieza ha de ser especialmente escrupulosa después de cambiar el pañal, asear al niño o tras utilizar el inodoro y, por supuesto, antes de las comidas.

Desde hace poco está disponible  una vacuna oral contra uno de los virus que con mayor frecuencia producen gastroenteritis: el rotavirus. No está incluida en el calendario de vacunación habitual y solo está admitida su administración en niños menores de 6 meses, que es el período de vida de mayor riesgo.

 

¿Cuándo puede ir su hijo a la guardería o al colegio?

Puesto que la mayoría de los casos de gastroenteritis  son leves, no se debe limitar la actividad del niño. Es aconsejable que, si el estado general no es bueno, vomita, tiene fiebre, dolor abdominal o deposiciones muy frecuentes, se ausente del colegio hasta que se encuentre mejor.

En las guarderías es habitual recomendar que el niño vuelva cuando se puedan controlar las deposiciones, que estas hayan disminuido en número y aumentado su consistencia. Si el niño usa pañal, podría volver si las heces pueden quedar contenidas en él.

 

¿Cuándo se debe consultar al pediatra?

La principal preocupación de los padres de un niño con gastroenteritis es que este pueda llegar a deshidratarse.

Por lo general, el sentido común es buen consejero en el tratamiento de las gastroenteritis por parte de los padres. Tengan presente que el objetivo es reponer lo que el niño pierde y estimular la realimentación precoz. Como guía de la situación, lo mejor es la valoración del estado general: si el niño está contento, o llora con lágrimas, si babea, si orina normalmente o simplemente si juega con normalidad, es que no está deshidratado.

En el lactante, que es el más vulnerable en esta enfermedad, habrá que consultar si está decaído e inapetente, si las deposiciones son muy frecuentes y especialmente,  si además vomita a menudo, pues no podremos reponer las pérdidas y puede ser necesario que el personal de salud supervise la rehidratación.

En el niño mayor resulta más sencillo de manejar pues si tiene sed, pide agua. Esta obviedad facilita mucho el tratamiento y solo en los casos de vómitos continuos o de gran decaimiento será necesaria la atención de un profesional.

Otra característica a valorar es el tipo de las heces. Si contienen sangre o moco es necesario acudir al pediatra.

En ocasiones pueden verse afectados varios miembros de la familia al mismo tiempo. En estos casos también conviene decírselo al profesional que atienda a su hijo, porque puede hacerle sospechar una infección de origen alimentario (intoxicación).

 

Dra.  Sabrina Martin

Pediatra   MP 9131