El regalo mágico del conejito pobre

Al volver a casa, un conejito encontró a una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar. “Dame algo, por favor”, le dijo. El conejito no tenía nada, salvo unas ramitas que le había dando un mago, pero como eran mágicas se resistía a dárselas.

Sin embargo, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dio a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia.

El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de tal forma que sólo le quedaba una de las ramitas.

Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre y también se la dio a él.

En ese momento, apareció el mago con un gran estruendo y le preguntó al conejito: ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿Qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo: ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas? ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!

Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!! Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos.

 

Autor: Pedro Pablo Sacristán

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